miércoles, 15 de septiembre de 2010

Danza con nubes

Temblando, levantaba vuelo. Permanecía en el aire. Sus cabellos flameaban como flecos. Su cola, danzaba al ritmo de un "Danubio Azul" , silencioso. Pronto se veía desafiando al viento. Y jugaba con los pájaros creyendo competir en igualdad. Con las estrellas, se sentía una más por esa silueta dibujada a su semejanza.

Pero, claro, su vida pendía de un hilo y de la fuerza de un chiquillo, Josecito, tan pequeño como El Principito, de los BaoBabs.

Por algunas horas soñaban juntos, uno abajo y el otro desde arriba, divisando la pequeñez del hombre que cree que todo lo puede y no es más que él, un ave de paso.

Le parecía sencillo: acariciar las nubes, rozar las cabezas de los edificios y las malditas chimeneas que envenenan el cielo.

El cuerpo liviano y vanidoso coqueteaba con palomas y neblinas. Quiso instalarse y permanecer para siempre en la altura... pero fracasó.Estamos esperando, en la oscura bohardilla, colgado de grandes ganchos oxidados:Una camiseta de River amarillenta.

Una caña de pescarUn banderín de Mina Clavero, CórdobaUna gorra del abuelo que Josecito usaba de disfraz.Una pelota de cuero sin aire, similar a una cáscara de nuez gigante.

Y estoy yo con mi esqueleto averiado, esperando que un niño abandone por un momento la computación y se decida a jugar en el parque y acepte, ansioso, recibir el saludo de su barrilete.

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