Kalaborra, el príncipe, llegó a la casa que le indicaron los vecinos y tocó el portero eléctrico. Usaba uniforme de capitán fragata, boliviano. En su mano derecha llevaba un zapato de cristal.
Apareció una joven fea vestida como las prostitutas de Buenos Aires, hija de la dueña de casa y dijo - ¡Qué pena!- mi madre se fue con mi hermana al Shopping Alto Guillermo. Puedo esperar un rato, me puede servir una copa de cerveza bien helada. El servicio de inteligencia me informó que aquí vive otra joven, no quedó otra alternativa que llamarla- ¡Cenicienta! Llegó y le dijo: - Hola príncipe, te aclaro que este zapato no es mío y no lo compré. Es muy caro y encima incómodo. Esto es obra de un Hada ignorante que cree que tú puedes darme el certificado de felicidad garantizada y se brinda a los intereses de los poderosos, olvidando el hambre de los niños de los comedores populares.
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