Buenos Aires primavera de 1983.
Las burbujas multicolores de la inminente democracia se evaporan con el reflejo de la luna.
La escribana Di Natale con la lengua dormida por la anestesia, acaba de salir del consultorio del dentista, doctor Milman del 4to. B del edificio de Av. Santa Fé y Larrea.
Al llegar al ascensor, una mujer con lentes envuelta en el inconfundible aroma del Chanel Nro.5. Se detuvo el ascensor y la mujer de lentes le pregunta a Di Natale- ¿Va a la planta baja verdad?- La escribana que con su mano izquierda apretaba el pañuelo contra sus labios, asintió con un movimiento de la cabeza.
En el interior del ascensor en un rincón recostado en el ángulo de los espejos. Un hombre con barba y mirada triste. La mujer dirigiéndose al hombre de la barba, le dice: - Disculpe señor, quizás se lo hayan dicho varias veces. Es notable el parecido que usted tiene con el escritor Cortázar. El hombre respondió: Es verdad en una época, llegué a parecerme mucho a Cortázar, pero la juventud desaparece como las burbujas. El hombre que por su ideología política. Por el entorno del presidente fue impedido de concretar su anhelo de saludar al doctor Alfonsín.
Había planeado con amigos escritores regresar en febrero del siguiente año, pero fue imposible.
Un grupo de Cronopios y Famas, le fueron a buscar a París y lo abandonaron en “Las puertas del Cielo” y que encontrará una “Casa Tomada” para escribir “Un diario para un cuento”.
PIEDRABUENA
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