Londres, primavera de 2003.
- Yo lo sé, y estoy seguro, aún cuando algunos lo nieguen con total hipocresía.
Ya que Piedrabuena, me da la oportunidad de expresarme libremente, me dirijo a usted, señor lector. No le quitaré mucho tiempo, quizás usted escuchó más de una vez “ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Ya que los noticieros de televisión se ocuparon de mí con total frivolidad, como de costumbre. En mi vida me relacionaron con el fatídico martes 13 o peor aún por ser negro, hicieron terribles comparaciones, tales como la apertura de un paraguas bajo techo, la rotura de un espejo, que trae, siete años de mala suerte o cruzar por debajo de una escalera son todas falacias para discriminarme. No soy tan ingenuo para creer que el cariño se puede adquirir en supermercados. Es un vínculo de ida y vuelta.
No deseo hablar de Flora, es una histérica. Más de una vez, para tener sexo con ella, me tuve que trepar a un tejado de zinc caliente.
La señora Bronson, antes de irse al cielo, llegó a la conclusión de que yo, Félix, era el único merecedor de quedarse con su fortuna: La casa de dos plantas y los ochocientos mil dólares depositados en el Banco de Londres.
Nombró a sus vecinos, el joven matrimonio Olsen, como albaceas y que cuiden como lo hizo ella.
Nadie podrá decir que soy un pobre gato. Soy un rico gato negro…
Me despido con un miau para todos.
Gato Félix
No hay comentarios:
Publicar un comentario