viernes, 10 de diciembre de 2010

lluvia

LLUVIA

Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a quienes no se atreven a volar.

NIETZCHE

Junio, lunes, la mañana de Floresta es agredida por una filosa llovizna, castiga como vidrio picado.

Ring…ring.
El timbre suena estridente en la casa de la calle Chivilcoy en diagonal con la fábrica de heladeras Saccol.

- Ya va, ya va- Doña Amanda Alvarez, desciende la escalera perseguida por el pequeño Pablo. Mientras se seca las manos en el delantal. La olla con agua, está en el fuego. También marcha el puchero con las verduritas de la “Yapa” que regala el verdulero perejil, apio, albahaca, atadas con hilo. Antes incluía puerros y zanahorias.
-¡Vicente miserable!... Se compró otro carro con caballo y otro puesto en la feria. “El que no llora no mama, decía Discepolin. Es verdad. Ajo, sal, zapallo, cebolla, papas batatas, dedalitos, que le gustan a los chicos. Ah, sí, ya sé porotos alubias que sobraron del domingo, no, provolone es caro. Chorizo y un trozo de falda, patitas de gallina. Total si sobra a la noche preparo un salpicón con savora para la cena.
Riing. Riing.
- ¿Quién es?
- Oficial de justicia-
- El hombre elegante con un perramus de gabardina beige y sombrero al tono.
- ¿Quién es este tipo mami?- pregunta Pablito.
- Traemos la cédula del juzgado, me acompaña el doctor Ponce, patrocinante de la querella.-
– Gordo, Chicago, pelado, petiso hijo de puta- piensa Amanda.
¿Dónde está la heladera?- preguntó el oficial. Camina con paso firme recorriendo cada sala con la mirada, buscando el artefacto.
- No tengo heladera- Dice Amanda avergonzada. Miguel se fue y quedé sola. Bueno sola no, Pablo, el mayor es un amor, me ayuda vendiendo diarios en el kiosco de la barrera, y Ricardito es tan inteligente que la maestra le dio una poesía de Arturo Cappedevilla para recitar “el día de la bandera”. Por las tarde con la Singer hago costuras de tapados para una casa de Canning.
- Miguel me dejó con deudas hasta el techo. Tomaba mucho Miguel , si se le escondía la botella, golpeaba a los chicos y a mí.
- Son borrachos los hombres. No me va a decir que no. Miguel se fue un día con esa atorranta. Aunque le digo Don. Me hizo un favor: la bronca ¡tantas deudas!

- ¿Cómo enfría las cosas en verano?- Insistió el oficial.

- Doña Amanda señaló el baño… En el bidet están acostados un sifón verde, una botella de Granadina Cusenier, sobre estos un cuarto de barra de hielo envuelta en un viejo diario El Mundo y arriba un paquete chico de manteca Day rico.

Ya convencido el oficial, salió del baño, para ingresar al salón comedor. Decidido confirmó: -señora vamos a proceder al embargo de los muebles, el aparador, el bargueño , la mesa de nogal italiano con las seis sillas de cuero bordó.-
- Son un regalo de mi hermano Roque- suplicó Amanda.
- Amanda y Pablo, lloran abrazados en la habitación del eco mientras observan por la ventana del primer piso como la lluvia ataca la valiosa arga.
- Pablo, jamás olvidaría ese día, ni por las noches cuando diagramaba sobre la mea de dibujo, planos con la Nestler, ni por las tardes en medio de automóviles detenidos.
Bondeaba diarios La Razón, Noticias, Crítica, Panorama extra.
Doña Amanda, enferma y cansada viajó a una nube a visitar la lluvia.
-Por un día Pablo cortó el eco de la casa del comedor para despedir a su madre, que muy quieta dormía en la caja de lustroso caoba.
Hombre de fortaleza interna, dejó de vender diarios cuando en un edificio de la Avenida Nazca 2150, pudo leer en un cartel blanco con letras negras. Proyecto y dirección de obra, ingeniero UBA Pablo Alvarez.

A pesar del día soleado de diciembre, una nube borró el sol para iniciar una lluvia de verano. Desde la ventana de alguna cocina, escapaba el clásico aroma del puchero.

¡Vieja, me gradué, dejé de vender diarios!
¡Cómo quisiera abrazarte!

Algunas semanas después leyó el anuncio en “La Prensa”: El banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, Viamonte y Esmeralda, el día 21 del corriente a las 15, subastará sin base muebles, gobelinos, alfombras, platería.

Pablo, llamó por teléfono a su asistente Andrés, para verificar el número de lote correspondiente a un comedor de “nogal italiano”.

La multitud pugna, forcejea, regatea.
Pablo compró lo que necesitaba comprar, tal vez alguien desde muy lejos lo comprendería.
Mientras Andrés le dice: - Ingeniero, pagó más del doble del valor de plaza, por un conjunto de muebles usados, no entiendo.
- Es una larga historia que quizás algún día podré contarte.-
- Cerraron los paraguas, ingresaron a un antiguo restaurante.
- ¿Mozo, que día preparan el famoso puchero?
- Casi siempre los días de lluvia respondió el mesero.
- Por favor, sírvanos dos porciones con provolone rallado-

El reámpago estremeció a los comensales.
- Es una lluvia mansa- dijo Pablo.

PIEDRABUENA

No hay comentarios:

Publicar un comentario