LA VERDADERA HISTORIA DE CAPERUCITA ROJA
Prohibida para menores de 72 años.
Como todos conocen, Caperucita Roja, a los diecisiete años fue a convivir a un edificio en torre, frente a los bosques de Palermo. Solamente con su madre, que la sobreprotegía. El padre, después de ganar la lotería, se fue a vivir con un amigo que conoció en una bailanta de Ramos Mejía.
Trabajaba como masajista en un instituto de belleza femenina, y mensualmente enviaba los cheques para mantención de su hija y su ex esposa.
Regina, la madre de Caperucita, elaboraba pasteles que la joven se los llevaba a su abuela Matilda, siempre por el camino más largo donde no sé encontraría con el lobo. Ya en un encuentro con la fiera, se defendió con un aerosol que encegueció al animal. Sorprendida nuevamente por la bestia, ésta la amenazó:
- Si me atacas nuevamente, no tendré otra alternativa que hacerte la boleta (sexo).
Caperucita, le comentó lo sucedido a su abuela, que trabajaba como madam en un burdel en la calle Moldes.
¡Por fin! Caperucita, consiguió en la confitería Danubio un exquisito Strudel de manzanas y con “delivery”, un joven muy simpático que la abuela no quiso desperdiciar e inició un vínculo amoroso que duró hasta ayer.
Texto anónimo
Traducción Roberto Sztein
viernes, 29 de abril de 2011
alibubu en el museo
ALI BUBU EN EL MUSEO.
El reloj de péndulo dejó escuchar las doce campanadas. Quedó atrás un día agitado por el continuo bombardeo.
Cada día son menos los hombres de la resistencia. Las noticias recorren rápidamente, en la feria de comestibles los precios trepan, los productos son escasos. Alí Babá, un líder del pueblo murió en la fila para comprar pan. Las brujas y los fantasmas utilizan la oscuridad para recorrer los barrios bajos de Bagdad. La pared de la habitación de servicio quedó con una tremenda rajadura después de una explosión cercana. La ONU pidió un cese del fuego pero no la escuchan.
Alí Bubú alberga en el museo a los ciudadanos que perdieron sus viviendas. Las noches las pasan en la Cruz Roja Internacional.
Alí Bubú se quitó la cimitarra de la cintura y prolijamente la depositó sobre la almohada. Se aprestaba a dormir pero se estremeció al escuchar la puerta- ¡Pam, pam!- se encontró con un personaje que tenía una capa roja y una capucha del mismo tono que le cubría el rostro. -¿Qué quiere?- preguntó Alí Bubú.
- Soy Satanello, primer mensajero de Su Majestad Mofistófeles, tengo dos noticias para darle, una buena y otra mala.
- Deme primero la buena
- El Cha de Persia le dejó en una cueva un cofre con lingotes de oro y platino, y la mala “wikilakes difundió la noticia y tenemos que apurarnos antes que lleguen otros y se apropien del tesoro. Ahora voy a robar una camioneta y vuelvo a buscarlo.
Alí Bubú subió a la camioneta y se enteró que su cómplice pretendía el noventa por ciento del tesoro. Llegaron a una cueva en la que a su entrada colgaba un cadáver quemado de una mujer. En el interior la muchedumbre se apretaba junto al tesoro, el calor era tremendo y un olor húmedo y nauseabundo. Apenas Satenello abrió su boca y lanzó una llamarada salieron todos disparando. A continuación le pidió a Alí que cargara la camioneta. Cuando Alí le dijo no queda nada le pidió que verificara que tampoco quedaba ningún nativo. Al salir de la cueva vio como la camioneta y su conductor desaparecían detrás de la niebla. Solo alcanzó a decir: ¡Eh desgracido vete al demonio y que te parta un rayo!
Se pudo leer en la edición digital The Guardian de Londres:
“El sereno Alí Bubú del Museo Central de Bagdad terminó con el infinito poder de Satanás.
Entrevistado por el corresponsal del diario “La Nación” de Buenos Aires:
Periodista: ¿En algún momento sintió miedo?-
- Y claro que lo tuve, yo no soy Superman, soy un cristiano igual que usted, el canillita al único diablo rojo que conocía era Independiente que salió último en el torneo anterior.
- Pero terminó con Lucyfer.
En este planeta hay miles de demonios:
El político que no cumple el compromiso dado en su campaña.
El boletero que dice que no quedan más localidades, y el que quiere ver la película le guiña un ojo y le pone el billete que suma el valor de la entrada. El que embaraza a su novia y desaparece. Los que permiten que los niños mueran de hambre. Los gobernantes que envían a sus pueblos a la guerra, los narcotraficantes, los mercaderes de armamentos, los que quiebran el equilibrio ecológico.
Roberto
El reloj de péndulo dejó escuchar las doce campanadas. Quedó atrás un día agitado por el continuo bombardeo.
Cada día son menos los hombres de la resistencia. Las noticias recorren rápidamente, en la feria de comestibles los precios trepan, los productos son escasos. Alí Babá, un líder del pueblo murió en la fila para comprar pan. Las brujas y los fantasmas utilizan la oscuridad para recorrer los barrios bajos de Bagdad. La pared de la habitación de servicio quedó con una tremenda rajadura después de una explosión cercana. La ONU pidió un cese del fuego pero no la escuchan.
Alí Bubú alberga en el museo a los ciudadanos que perdieron sus viviendas. Las noches las pasan en la Cruz Roja Internacional.
Alí Bubú se quitó la cimitarra de la cintura y prolijamente la depositó sobre la almohada. Se aprestaba a dormir pero se estremeció al escuchar la puerta- ¡Pam, pam!- se encontró con un personaje que tenía una capa roja y una capucha del mismo tono que le cubría el rostro. -¿Qué quiere?- preguntó Alí Bubú.
- Soy Satanello, primer mensajero de Su Majestad Mofistófeles, tengo dos noticias para darle, una buena y otra mala.
- Deme primero la buena
- El Cha de Persia le dejó en una cueva un cofre con lingotes de oro y platino, y la mala “wikilakes difundió la noticia y tenemos que apurarnos antes que lleguen otros y se apropien del tesoro. Ahora voy a robar una camioneta y vuelvo a buscarlo.
Alí Bubú subió a la camioneta y se enteró que su cómplice pretendía el noventa por ciento del tesoro. Llegaron a una cueva en la que a su entrada colgaba un cadáver quemado de una mujer. En el interior la muchedumbre se apretaba junto al tesoro, el calor era tremendo y un olor húmedo y nauseabundo. Apenas Satenello abrió su boca y lanzó una llamarada salieron todos disparando. A continuación le pidió a Alí que cargara la camioneta. Cuando Alí le dijo no queda nada le pidió que verificara que tampoco quedaba ningún nativo. Al salir de la cueva vio como la camioneta y su conductor desaparecían detrás de la niebla. Solo alcanzó a decir: ¡Eh desgracido vete al demonio y que te parta un rayo!
Se pudo leer en la edición digital The Guardian de Londres:
“El sereno Alí Bubú del Museo Central de Bagdad terminó con el infinito poder de Satanás.
Entrevistado por el corresponsal del diario “La Nación” de Buenos Aires:
Periodista: ¿En algún momento sintió miedo?-
- Y claro que lo tuve, yo no soy Superman, soy un cristiano igual que usted, el canillita al único diablo rojo que conocía era Independiente que salió último en el torneo anterior.
- Pero terminó con Lucyfer.
En este planeta hay miles de demonios:
El político que no cumple el compromiso dado en su campaña.
El boletero que dice que no quedan más localidades, y el que quiere ver la película le guiña un ojo y le pone el billete que suma el valor de la entrada. El que embaraza a su novia y desaparece. Los que permiten que los niños mueran de hambre. Los gobernantes que envían a sus pueblos a la guerra, los narcotraficantes, los mercaderes de armamentos, los que quiebran el equilibrio ecológico.
Roberto
viernes, 15 de abril de 2011
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