viernes, 15 de octubre de 2010

PERFIL VIOLENTO

Isla Bermellón. Una añosa arboleda de pinos y robles. Rodean el galpón de piso de tierra y altos techos de chapas. El fluorescente tiembla de cansancio. La música llega desde el motor traicionero tupí. La sierra imita el canto de un pájaro. Una cama desarmada, junto al polvoriento ventanal. La bocina de la última lancha del martes, deja en el muelle, el combustible para la salamandra que tiene la obligación de dar calor a un invierno, que promete ser riguroso. Ahora no hace frío, pero la lluvia golpea rítmicamente sobre la chapa, en esta isla olvidada, a una hora de remos del Puerto de los Tigres.
Sergio Pascualini, un metro ochenta. ochenta kg, tez mate, musculoso, alberga treinta años. Heredó de su abuelo paterno el galpón de la isla que en el siglo catorce descubrió el adelantado Baltazar Ledesma.
Son las ocho de la noche. Sergio, la fue a buscar a ella, sin consultarla. Blanca y prolija. Descendiente de robles, la depositó sobre el banco con sus dos mano, intentando no dañarla. Ella, lisa como una tabla, sin curvas que la destaquen, quedó inmovil expectante, sin tener defensa.
Sergio, volvió de la caja de herramientas con un martillo amenazador, Con una mano la mantenía quieta, y con la otra golpeaba sin tregua, penetrándola con ese falo metálico. Ella, totalmente sometida, se mojaba con el sudor caído de la frente de él, apenas expresó un tímido craac.
Ella, indiferente, después de dos horas de constante movimiento. Sergio frenó sus impulsos extenuado y a ella, la acomodó sobre el piso convertida en una soberbia silla isabelina de roble.

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