Av. Córdoba y Callao, verano de 1990.
Suena el teléfono: Ring… Ring…
- ¡Zapatería Princesa, buen día!
- ¿El señor Jorge Lascano?
- Sí, con él habla-
- Soy Hernán López, de cuentas corrientes del Banco de Canadá, Sucursal Sarmiento y San Martín. Le aviso que está en descubierto en cuatro mil pesos. ¿Qué hacemos, lo rechazamos, o viene a cubrirlo?
- Voy a cubrirlo- dijo Jorge.
- Recuerde que son las 13 hs y a las 15 hs cierra el portón automático- dijo el bancario, que volvió hasta la computadora y comprobó que un cheque depositado una semana antes equilibraba el saldo. Intentó llamar al cliente para disculparse pero ya nadie atendió.
Jorge salió a la calle y detuvo un taxi, la marcha es lenta, la canícula arremete los vehículos. Un colectivo intenta pasar entre dos automóviles, a uno de ellos le destroza la puerta trasera, con furia el conductor ahorcado desciende con el matafuego y rompe el parabrisas del colectivo. Comienzan una brutal pelea, intercambia todo tipo de golpes.
Los pasajeros del colectivo descienden y deambulan por el desierto asfáltico, como una tribu nómade por el Sahara.
Jorge Lascano, abona el taxi y emprende una corrida desesperada para alcanzar la meta. El reloj indica que le quedan diez minutos.
Llega al banco, el portal en dos partes como las puertas del subte, pero acero hielo asesino in rostro.
Calcula que puede pasar y burlarse de acero sin rostro. Intenta pasar de costado. - ¡eso es!- no queda espacio ¡maldito tránsito!- piensa. No queda espacio para piruetas. Trata de frenar al monstruo con el pie. Es superado, supone una fractura y se le caen los dedos. Intentó salir afuera, pero el enemigo está por unirse en el centro. Ya no piensa, el dolor lo domina y el alma se confunde con las nubes…
PIEDRABUENA
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